miércoles, 3 de junio de 2009

La naturaleza presente siempre en su obra, narra sus orígenes, su entorno, su relación familiar que siempre recuerda, anunciando y denunciando el mundo en el que le toca vivir; entablando un diálogo constante con el espectador. Otras veces su obra nos presenta seres imaginados que comparten su existencia.
Para él, cada obra posee un alma, cada color una emoción que se conectan con sus ideas y se plasma en un impresionismo cargado de gran color abriendo camino por el paso de la luz en esa naturaleza que esconde lo impredecible. Artista, paleta y obra se convierten en una unidad.
Pablo avanza recogiendo en su camino aquello que nutre su alma de artista, está lleno de vitalidad como la pincelada en sus obras.
En esta muestra individual, a sus 20 años, nos presenta 40 obras de arte que reflejan su constante búsqueda, experimentación y creación de un espíritu inagotable.


Silvana Otoya Zürcher
HISTORIADORA DE ARTE
Cuando Pablo Taricuarima, el pintor que naciera en Santo Tomás, un pueblecito de las afueras de la ciudad de Iquitos, viajó a Lima para estudiar en Bellas Artes, ya tenía una producción relevante en el arte de la pintura y que estaba basada en la cosmovisión de sus ancestros: los cocamas, una raza milenaria de nuestra Amazonía.
La precocidad de Pablo está marcada en los esbozos de sus cuadros que nacieron cuando la naturaleza era parte de su entorno diario, y los relatos de las historias de la cosmovisión cocama adquirían efusividad, a través de los cuentos narrados por los mayores de su comunidad.
Numerosos personajes y animales salvajes y mágicos a la vez, conocidos en su niñez, entonces, fueron plasmados sobre lienzos que adicionalmente cuentan con la incrustación de elementos de la corteza de llanchama, como parte de la pintura.
Nos place que la evolución de la pintura de Pablo marque una distancia en el manejo del color sin dejar el paisaje amazónico y los personajes mestizos en reflexión y trabajo cotidiano.
El espacio de nuestro artista se ha extendido hacia la capital donde estudia y forma parte de las tareas emprendidas por su exquisitez de embajador que riega su talento en otras tierras. El sabe que preservar la naturaleza, evitar el saqueo permanente de los bosques amazónicos y evitar la voracidad de los hombres, por destruirla, es parte de esa tarea como artista y creador.
En la individual que presenta Pablo Taricuarima en la Biblioteca Municipal de Magdalena del Mar de Lima, entre el 24 de junio y el 8 de julio de este año, estoy segura, tendrá la atención más importante en la vida de él, porque lleva el mensaje de una región rebelde y de naturaleza viva, a través de la muestra: El Sonido de la Selva peruana en un pincel.


Sara Ríos Vela
Directora de la Revista Cultural
"CARTA ABIERTA"

Junio, 2009.


Pablo Taricuarima Paima, Pata de Rey, hijo de la amazonia, de chama, charapa, huambrillo o por ultimo, libérrimo hijo de la terquedad, porque si hay algo que lo caracteriza es la infinita confianza en sus colores, en sus sueños, en su tierra y la terquedad que mas temprano que tarde, lograra imponerse como su linaje reclama, a la apatía de la gris Ciudad Capital.

Si algo ha heredado Pablo es todo aquello cotidiano que la selva peruana depara y provee a sus hijos: poder, sensualidad y belleza porque el arte para todo charapa que se respete es arte para la vida, para el amor, para el alimento, pero sobre todo para la fiesta.

Muy contrariamente con lo que se engaña desde la capital de la republica, la civilización tan pregonada por insípidos e insignes señores que se creen dueños del color, de las tierras, de la verdad, solo ha traído desolación, destrucción y miseria. Tan es así que cansados de las tropelías cometidas, el verde borde se levanta, se empina por encima de todo estos espantos para marcar su pertenencia y legado. Es así que la terquedad que el huambrillo Pablo testimonia con su propio empeño es la mejor representación de los suyos. No para vanidad propia sino por respeto a su heredad, a sus mayores, a sus familias.

Es este Pablo Amazónico, pletórico, mestizo y nativo, que nunca ha renunciado a seguir de pie, jamás domesticado ni sumiso y que sigue en eterna transformación, es el que se ha rebelado, se ha enfrentado a los patrones ajenos, a los pacatos colores, al estrecho mirar de los apocados y es con humor, con frescura, finalmente con imaginación que emprende su rebelión.

Heredero de los Amaringo, los Sakiray, o de Ashuco Araujo con sus cosmovisiones y sus modos de vida ancentrales al arte mestizo de su tocayo Pablo Amaringo, la alucinación, el ensueño, las visiones del huambrillo Pablo buscan inocularnos ese ferviente ardor tropical por vivir nuestra vida plena. Su obra no es mas que una poderosa canción, nunca de Bareto, sino de los proteicos Juaneco y su Combo, de los espectaculares Los Mirlos, de los desopilantes Sonido 2000 del longevo y fértil Trigoso de Tarapoto y de tantas gestas musicales con que la amazonia peruana se envuelve en los electro y psicotrópicales colores que buscan volver vida cotidiana aquello que se creía irremediablemente perdido por el progreso. Vivir para crear, vivir para danzar, vivir para gozar, vivir para vencer. Esta es la canción y la danza del tunche: el que no danza que no luche!


Cesar Augusto Ramos Aldana
Antropologo y Curador