Pablo Taricuarima Paima, Pata de Rey, hijo de la amazonia, de chama, charapa, huambrillo o por ultimo, libérrimo hijo de la terquedad, porque si hay algo que lo caracteriza es la infinita confianza en sus colores, en sus sueños, en su tierra y la terquedad que mas temprano que tarde, lograra imponerse como su linaje reclama, a la apatía de la gris Ciudad Capital.
Si algo ha heredado Pablo es todo aquello cotidiano que la selva peruana depara y provee a sus hijos: poder, sensualidad y belleza porque el arte para todo charapa que se respete es arte para la vida, para el amor, para el alimento, pero sobre todo para la fiesta.
Muy contrariamente con lo que se engaña desde la capital de la republica, la civilización tan pregonada por insípidos e insignes señores que se creen dueños del color, de las tierras, de la verdad, solo ha traído desolación, destrucción y miseria. Tan es así que cansados de las tropelías cometidas, el verde borde se levanta, se empina por encima de todo estos espantos para marcar su pertenencia y legado. Es así que la terquedad que el huambrillo Pablo testimonia con su propio empeño es la mejor representación de los suyos. No para vanidad propia sino por respeto a su heredad, a sus mayores, a sus familias.
Es este Pablo Amazónico, pletórico, mestizo y nativo, que nunca ha renunciado a seguir de pie, jamás domesticado ni sumiso y que sigue en eterna transformación, es el que se ha rebelado, se ha enfrentado a los patrones ajenos, a los pacatos colores, al estrecho mirar de los apocados y es con humor, con frescura, finalmente con imaginación que emprende su rebelión.
Heredero de los Amaringo, los Sakiray, o de Ashuco Araujo con sus cosmovisiones y sus modos de vida ancentrales al arte mestizo de su tocayo Pablo Amaringo, la alucinación, el ensueño, las visiones del huambrillo Pablo buscan inocularnos ese ferviente ardor tropical por vivir nuestra vida plena. Su obra no es mas que una poderosa canción, nunca de Bareto, sino de los proteicos Juaneco y su Combo, de los espectaculares Los Mirlos, de los desopilantes Sonido 2000 del longevo y fértil Trigoso de Tarapoto y de tantas gestas musicales con que la amazonia peruana se envuelve en los electro y psicotrópicales colores que buscan volver vida cotidiana aquello que se creía irremediablemente perdido por el progreso. Vivir para crear, vivir para danzar, vivir para gozar, vivir para vencer. Esta es la canción y la danza del tunche: el que no danza que no luche!
Cesar Augusto Ramos Aldana
Si algo ha heredado Pablo es todo aquello cotidiano que la selva peruana depara y provee a sus hijos: poder, sensualidad y belleza porque el arte para todo charapa que se respete es arte para la vida, para el amor, para el alimento, pero sobre todo para la fiesta.
Muy contrariamente con lo que se engaña desde la capital de la republica, la civilización tan pregonada por insípidos e insignes señores que se creen dueños del color, de las tierras, de la verdad, solo ha traído desolación, destrucción y miseria. Tan es así que cansados de las tropelías cometidas, el verde borde se levanta, se empina por encima de todo estos espantos para marcar su pertenencia y legado. Es así que la terquedad que el huambrillo Pablo testimonia con su propio empeño es la mejor representación de los suyos. No para vanidad propia sino por respeto a su heredad, a sus mayores, a sus familias.
Es este Pablo Amazónico, pletórico, mestizo y nativo, que nunca ha renunciado a seguir de pie, jamás domesticado ni sumiso y que sigue en eterna transformación, es el que se ha rebelado, se ha enfrentado a los patrones ajenos, a los pacatos colores, al estrecho mirar de los apocados y es con humor, con frescura, finalmente con imaginación que emprende su rebelión.
Heredero de los Amaringo, los Sakiray, o de Ashuco Araujo con sus cosmovisiones y sus modos de vida ancentrales al arte mestizo de su tocayo Pablo Amaringo, la alucinación, el ensueño, las visiones del huambrillo Pablo buscan inocularnos ese ferviente ardor tropical por vivir nuestra vida plena. Su obra no es mas que una poderosa canción, nunca de Bareto, sino de los proteicos Juaneco y su Combo, de los espectaculares Los Mirlos, de los desopilantes Sonido 2000 del longevo y fértil Trigoso de Tarapoto y de tantas gestas musicales con que la amazonia peruana se envuelve en los electro y psicotrópicales colores que buscan volver vida cotidiana aquello que se creía irremediablemente perdido por el progreso. Vivir para crear, vivir para danzar, vivir para gozar, vivir para vencer. Esta es la canción y la danza del tunche: el que no danza que no luche!
Cesar Augusto Ramos Aldana
Antropologo y Curador

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